Dirigente se nace" respondió un filósofo cuando le planteé la necesidad de formar una nueva generación de dirigentes en Argentina. Después sentenció: "lo que ocurre es que no los dejamos nacer. Estamos abortando dirigentes desde la concepción."
Así es: desde muy niños, se enciende una pequeña llama en el corazón de un dirigente. Se los ve venir: tienen fuerza, son entrometidos, cuestionan, organizan, lideran... los padres orgullosos. El colegio primario se encarga de que la llama sea lo suficientemente controlada como para no generar mayores problemas a las ya desbordadas maestras y directoras. Mueren durante ese período vocaciones dirigenciales -fundamentalmente- por falta de atención.
El secundario va más allá, y utiliza las más siniestras estrategias para que la llama de la vocación se apague. Enciclopedismo, dogmatismo, aburrimiento y un sistema lo suficientemente anticuado; la fórmula es implacable para matar un espíritu inquieto y el aborto está en proceso.
Ayudan la televisión, que no deja dirigente con cabeza, y se ríe de todos y de todo. El grupo de amigos, que no se cansará de burlarse del compañero que "pinta para político", el amor adolescente que en alguna noche de intimidad lo hará sentir como un estúpido: "¿Cómo qué querés presidente? No seas ridículo".
Muchas familias -a esta altura- ya no están tan orgullosas y miran con nerviosismo la vocación pública del joven. "La política es un desastre hijo: no te metas" le dirá un padre con buenas intenciones. Ni que hablar si es una hija.
El joven se está cansando de ser un "bicho raro" y de tener que salir al ruedo cada vez que alguien -que conoce su vocación- le recrimina lo que hizo el gobierno, tal político, tal sindicalista como si el ya fuese parte del establishment.
El "aborto" se consuma, para los que no ingresan a la universidad, cuando deben empezar a trabajar en lo que sea para sobrevivir. Para los universitarios hay todavía un período de gracia. Sin embargo la Universidad será "el médico responsable" de hacer que esa llama nunca llegue a convertirse en el fuego sagrado que quema el pecho de un dirigente con vocación pública.
¿Será por eso que en Argentina no hay suficientes jóvenes dispuestos a asumir el desafío de lo público? Seguro que sí. Porque los responsables de formar, no se dan cuenta de que la formación de un dirigente exige -ante todo- una formación del carácter.
Dispuestos a morir
Pero hay una cuestión más profunda: el líder nace al fragor de un proyecto común. Y hoy no hay proyecto común. La forma más dramática y más evidente de demostrarlo es preguntarle a un joven: ¿Por qué o por quién estás dispuesto a morir? "Por nada y por nadie" será la respuesta. Ni por mi patria -no dejaré que un Galtieri me lleve al matadero- ni por mi gente, porque el único contacto que tengo con "mi gente" es el ómnibus y el estadio de fútbol. Tampoco por la Libertad -¿de quién?- ni por la justicia. Sí por mi familia, pero nada más.
Si no hay causas públicas, no habrá dirigentes públicos. ¿Cómo convencer a un joven idealista -pero no tonto- de que debe abandonar la vida privada para defender una causa "pública" que a nadie importa, y que sabe le traerá infinidad de enemigos y ninguna satisfacción? Ni siquiera el reconocimiento de la gente que sólo murmurará: "algo se habrá quedado en el bolsillo"
En definitiva, no debe haber nadie en Argentina que contradiga la necesidad de nuevos dirigentes públicos. Pero que no sea mi esposo, ni mi hijo, ni mi amigo, ni mi padre, ni mi novia. Héroes se busca, que sepa inventarse su propia causa y que haga lo posible por convencernos (por supuesto con buen marketing, porque no compramos cosas mal vendidas), que se forme sólo, que vea la forma de mantenerse -no vaya a ser tan inmoral de pensar en vivir del Estado- y fundamentalmente que no moleste mucho con ideas alocadas, a ver si todavía algún empresario se enoja y amenaza con llevar su planta a otro país".
Tenemos un problema: faltan jóvenes dirigentes. Lo saben los grandes personajes de Argentina. Los intelectuales, los empresarios, los periodistas, los educadores, los religiosos, los gobernantes. Y si uno les pregunta sobre el tema se rasgan las vestiduras.. Pero llegado el momento, no mueven un pelo.
Propongo una causa: lanzar desde Argentina algo grande -muy grande- que se proyecte a todo el mundo. Solicito especial esmero para detectar a jóvenes y adolescentes con perfil de dirigente. Que las instituciones educativas, políticas, religiosas y sociales aseguremos una atención especial a estos dirigentes en potencia, como si estuviéramos ante un "especie en extinción". Vamos a alentarlos, a felicitarlos por su vocación, a dejar que forjen su espíritu al fragor del debate sobre lo que Córdoba necesita.
Mención de honor a la familia que sea capaz de dar un joven dirigente a la nacion.
ARTICULO ESCRITO POR SEBASTIAN GARCIA DIAZ...
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